Entender las consecuencias de nuestra acción es la forma de que actuar de forma consciente salga de forma natural.
Hasta hace cuatro años, muchas personas nunca habían oído hablar del concepto de resiliencia ni creían que la humanidad tuviera esa capacidad de adaptación a las situaciones adversas de forma organizada pero también, individual. El cambio puede dar miedo, pero forma parte de la vida.
Estrenamos el 2024 con la cuenta atrás ambiental activada, porque hay muchas cosas que cambiar y poco tiempo para hacerlo. El próximo año representa uno de los ‘puntos de control’ de cumplimiento de objetivos ambientales y habrá cambios importantes para las administraciones, empresas y sociedad civil que no hayan hecho todavía los deberes. Nos esperan nuevos marcos normativos y nuevos deberes ciudadanos: nuevos hábitos que incorporar en el día a día. Un aspecto, que puede sorprender, de la aplicación de las nuevas normativas es que desde la Unión Europea se obliga a los entes locales a financiar la gestión de los residuos municipales en su totalidad con la recaudación de los impuestos pertinentes. Se trata de una tasa que algunos ayuntamientos subvencionaban parcial o totalmente y que ahora la ciudadanía tendrá que pagar. Éste es importante porque, en el caso de la basura, la subida de impuestos no será fruto de una decisión arbitraria ni de afán recaudatorio.
La revolución de la recogida selectiva
Al contrario que en otros territorios del Estado, en Catalunya no aparecerán de repente contenedores de nuevas fracciones de residuos municipales: ya están ahí. La diferencia es que la separación de residuos como los textiles, aceites usados o residuos especiales dejará de ser voluntaria —aunque altamente recomendable y necesaria—, porque será obligatoria.
Del mismo modo, para que se cumplan los objetivos de reciclaje, la recogida selectiva en los municipios debe mejorar. Se ha demostrado que los sistemas más eficientes para que se separen los residuos municipales es eliminando los contenedores abiertos e implementando sistemas de identificación o de puerta a puerta. Estos sistemas permiten establecer tasas proporcionales a la generación de residuos, saliendo más caro a quien genera demasiados residuos o separa mal.
Evitar la generación de residuos, separarlos por fracciones y depositarlos en el vertedero correcto es, principalmente, una cuestión de cultura; ser consciente de que, aunque sea necesario un esfuerzo, es la manera correcta y debe hacerse bien. Cómo seguir el código de circulación o las ordenanzas municipales. Es a través de la educación ambiental y la sensibilización, cuando se logra que los cambios no sean una imposición, sino que se comprendan y asuman.
¡Es más importante no generar que tener que gestionar!
Tener conciencia ambiental condiciona nuestras acciones, la forma en que compramos y consumimos, el uso que hacemos de suministros como electricidad y agua, la forma en que nos desplazamos, y en cómo nos deshacemos de los residuos. En todas estas acciones, debe procurarse elegir la vía de la prevención: no generar tantos residuos, evitar el desperdicio de recursos y reducir las emisiones de CO₂. El poder colectivo es muy importante, pero una decisión mayoritaria no tiene por qué ser la correcta. La conciencia ambiental puesta en acción tiene un efecto en el planeta y para nuestro bienestar, así que practiquemos aunque nadie nos siga; ya lo harán.
