Producir menos huella ecológica es posible. De hecho, cada vez es menos opción y más deber: es la única salida que nos queda por detener el calentamiento global y el deterioro del medio ambiente.
La pirámide de gestión de residuos está encabezada por la prevención porque el mejor residuo es el que no se genera. Se trata de evitar los residuos desde el momento del diseño y fabricación, pero también a la hora de alargar la vida útil de los productos mediante la reparación o la segunda mano. El modelo de economía lineal de producir-usar-tirar es insostenible porque supone malgastar recursos naturales y materias primas del planeta, que pueden acabar por agotarse.
Enderezar esta situación requiere un cambio de mentalidad y una transición real hacia el modelo de economía circular, a través del cual se pueden recuperar y volver a utilizar materias primas y evitar la extracción de nuevos recursos. Adquirir nuevos hábitos y pasar a la acción sólo llegarán con la comprensión de la ciudadanía y la educación ambiental.
Ahorro económico y protección del medio ambiente

La prevención de residuos es optar por acciones y adquisiciones que generen menos restos que deban depositarse en el contenedor. Cuando rellenamos y bebemos agua de un recipiente reutilizable, nos ahorramos la compra y gestión de muchísimas botellas de plástico; si utilizamos una funda porta bocadillos, ya no debemos gastar papel de aluminio cada vez que tomamos el desayuno en el trabajo; si compramos artículos de segunda mano, no se tendrán que fabricar nueces; si adquirimos productos que caducan pronto, evitamos que alimentos bueno se vayan a tirar. Estas acciones, además, a corto o largo plazo, también suponen un importante ahorro económico.
Y separar lo que queda
Actuar de forma consciente con el medio ambiente reporta cambios visibles; por ejemplo, en el volumen de los residuos que se generan en los hogares. Uno de los hábitos que ya no es posible no ejecutar es la separación de las distintas fracciones, a la que a veces se hace referencia (erróneamente) como reciclar.
Las fracciones de recogida selectiva obligatoria son actualmente cinco: orgánica, papel-cartón, envases ligeros, vidrio y resto. La gestión de los residuos municipales es de los ayuntamientos o entes supramunicipales que se encargan de estas tareas, como la MANCOMUNIDAD hace en el Camp de Tarragona. La mayoría de poblaciones también disponen de recogida de residuos textiles, aceite de cocina y usado y otros residuos especiales, en forma de contenedores en la vía pública o de puntos limpios móviles o fijos. La recogida de estas fracciones hasta ahora ha sido voluntaria pero, en pocos meses, será obligatoria.
Desde la Unión Europea se han establecido una serie de objetivos de reciclaje para la próxima década. La siguiente cronología indica a qué porcentajes de materiales recuperados deben llegar los Estados miembros. Por tanto, si en el año 2025 se debe poder reciclar y reaprovechar un 55% de los residuos que se pueden recilar, significa que el porcentaje de recogida selectiva debe ser superior.
